Sobre la Salsa cubana (reflexión)

La confluencia de varias corrientes: la del danzón, la del jazz band, la de los conjuntos de son, la de los combos y quintetos que asimilaron elementos del jazz para sumarlos en un nuevo producto transculturado, no solo entre géneros cubanos, sino con elementos caribeños de actualidad indiscutible, nos llevan a la salsa,  y de ella a una nueva expresión  con otros elementos de identidad cubana, como han sido los coritos o montunos, siempre presentes en el son, con aquella fuerza prosódica del texto, con aquel ritmo oratórico que se actualiza de nuevo por la presencia del rap. 

Los músicos que tradicionalmente interpretaron nuestra música bailable, conocieran técnica o empíricamente lo que ejecutaban, siempre han participado de ese consenso, de esa expresion colectiva que no está escrita, que se siente y se lleva dentro, y se expresa eufóricamente. En mi criterio no es nada nuevo, pero ahora se le llama TIMBA.

En la década del sesenta se consolidan  muchos grupos que parten de la música cubana tradicional para aceptar los nuevos timbres electroacústicos y los elementos formales del jazz.  No  sé si en aquel momento se le llamó como hoy,  jazz latino, o si se asimilaban como un hecho natural de transculturación. A este movimiento se sumaban  las orquestas Aragón, Revé, Jorrín y otras más nuevas, incluso de otras provincias, y con  músicos y compositores muy jóvenes como Juan Formell, que había participado en los arreglos y como bajista de la orquesta de Revé y decidió organizar su propia orquesta poniéndole como nombre el slogan  Van Van.

Elio Revé (Guantánamo, 1930, La Habana, 1996) desde niño había participado en manifestaciones fundamentales de la música cubana. Nacido en un ambiente musical, de padre músico, participó en la Tumba Francesa, en grupos de rumba, en grupos de changüí, y con su padre en los grupos en que aquel tocaba. En ocasiones viajó a La Habana para participar en las orquestas Almendra y Silver Star como percusionista, hasta que fundó su propio grupo con el formato de la Charanga Francesa. La oleada de cambios que se producían en aquel momento lo estimuló a agregarle más instrumentos de cuerda, más percusión, cantantes, trombón, saxo, tambores batá, llegando a imponerle el nombre de Charangón.  Revé dirigía desde su paila, que siempre distinguía  e identificaba el estilo del grupo. Con él se iniciaron muchos jóvenes, quizás este fue uno de sus rasgos importantes. Entre ellos estaban jóvenes graduados de las escuelas de arte que se iniciaban en el quehacer de la música popular. Este fue el caso de Juan Formell, Juan Carlos Alfonso y otros posteriores.

Juan Formell, guitarrista y compositor incursionaba en la canción con elementos novedosos como el shake. Con sólida formación musical, que partía del oficio que adquiría a partir de la práctica en distintos conjuntos y su relación con su padre, notable músico, compositor, arreglista, copista, y con los músicos populares con los que trabajó, recibió además la influencia imperante en los sesenta de los Beatles, de Elvis Presley y de otros grupos  hizo arreglos instrumentales con un sello personal, en el que el bajo imponía un nuevo lenguaje. Cuando decidió fundar su grupo  buscó a jóvenes que tuvieran sus mismos criterios, que apoyaran sus innovaciones. En su grupo mantuvo el formato de charanga, pero le introdujo la guitarra eléctrica, el drum  --nada menos que con Changuito Quintana--, y más tarde los trombones, que llenaron el espacio intermedio que le faltó siempre a la charanga, y cuyos arreglos fueron, definitivamente, parte del sonido Van Van. oír Van Van

De inmediato se situó en el lugar preferido de toda la juventud debido a los cambios de sonoridad que se identificaban con las corrientes más presentes en aquel momento. Hasta el arreglo de  las voces del coro resultó novedoso. Formell le atribuye la calidad de su sonido,  desde un principio, a la presencia de Changuito en la batería, a Lelé, su primer cantante solista, y a la identificación de todo el grupo con sus criterios de cambios e innovaciones.

A través de los treinta  años que lleva de constituida, la Orquesta Van Van ha mantenido su sonido peculiar y su éxito internacional gracias a la perspicacia y sensibilidad de Juan  Formell para incorporar aquello más novedoso y renovador del ambiente musical.  De su quehacer creador ha dicho en entrevista a  Leonardo Padura Fuentes:  "Yo quería que la gente bailara con la música cubana, y por ahí encaminé mi trabajo. Pero la sonoridad que a mi me gustaba necesitaba ponerse al día, satisfacer a los más jóvenes en una época en que la música mundial había sido ya definitivamente transformada por los Beatles.

Entonces los Van Van nacen como resultado más consciente de un empeño que antes fue pura intuición. Por eso los cambios que hacemos son premeditados, tratando siempre de que la gente bailara, aún en los peores momentos de la crisis de la música bailable. La gente se identificó con nosotros, la gente bailó con Van Van y desde entonces no ha dejado de hacerlo, por una sencilla razón: nosotros estamos siempre en evolución". (Recomendamos la lectura de la excelente entrevista de Leonardo Padura Fuentes, ¿Qué tiene Van Van que sigue ahí?, realizada  a Juan Formell,  y publicada en la Revista Música Cubana, Año 0, 1997).

El intercambio que se ha establecido ante la realidad de la salsa como un fenómeno surgido en  el barrio latino de New York con influencias de la música cubana de los cincuenta y los elementos caribeños de la música tropical de la misma época protagonizada por músicos puertorriqueños, panameños, colombianos y de otros países participantes  no ha sido ajeno a los jóvenes músicos cubanos. Han surgido grupos después de Van Van que reproducen muchos de los esquemas sonoros y reproducen los esquemas  o modos de hacer, las estructuras, de los grupos salseros del Caribe. Otros regresan a lo más tradicional del Conjunto cubano de son, adoptando el estilo de Arsenio para expresarlo con un lenguaje actual, como es el caso de Adalberto Álvarez

También  nuestro caudal se ha nutrido de otras formas de expresión confluyentes en el mismo proceso de asimilación y adopción de elementos foráneos,  pero con la intención de mantener esa sonoridad. Este ha sido siempre el universo de los más jóvenes.

La participación en bailes y grupos musicales en los  que se prefería la música más representativa  que nos venía del extranjero: jazzbands con  foxtrots y charleston; con música de tap y swing, con be-bop y boogie-boogie en los cuarentas, y en la década siguiente la abrupta entrada del rock and roll , dieron paso a pianistas, bateristas, clarinetistas y trompetistas que pudieron lucir sus habilidades amenizando bailes en clubs. Los combos, que tan de moda se pusieron, asumieron las dos facetas. Otras agrupaciones  fueron grupos de rock como Los Dada, y el trabajo continuado de los integrantes de Síntesis desde el grupo Tema IV a su ampliación con Pablo Menéndez y Lucía Huergo, y su proyección actual con la suma de tambores batá y cantos rituales con una base de música electroacústica representativa del rock. O el grupo Monte de Espuma  de Mario Daly en constante experimentación; la fase actual del Grupo Moncada, las fusiones que realizan  Edesio Alejandro, Hernán López Nusa, Gonzalito Rubalcaba.