Sobre el Himno Nacional cubano (reflexión)

El Himno Nacional es, junto a la Bandera y el Escudo, un símbolo nacional. Fue compuesto por Pedro Figueredo e instrumentado por Manuel Muñoz Cedeño. Nació como La Bayamesa, o Himno de Bayamo y se cantó por primera vez el día 20 de Octubre de 1868, al inicio de la que se ha llamado Guerra de los Diez Años en la que se definía  nuestra nacionalidad y se constituía la nación. Es el canto más amado por el pueblo cubano, un canto de batalla  que identifica nuestra cultura de lucha, el que enardece nuestro espíritu y nos arma con la pluma y el machete. Por eso, desde hace veinte años se instituyó en esta fecha el Día de la Cultura Nacional, porque el himno reúne muchos valores que reflejan nuestra identidad  cultural.

Su música y texto los tenemos interiorizados desde niños. Lo cantan todos los cubanos en las ocasiones oficiales señaladas y en otros momentos guiados por la espontaneidad y la emoción de su contenido.

Su estructura musical y poética sigue el patrón rítmico de una marcha,  está dividido en dos partes    que se complementan  en  la música desde el punto de vista melódico y formal.

El texto en estrofas de cuatro versos decasílabos corresponde a las estructuras que se usaban en el siglo XIX para las canciones cubanas. Recuérdese la canción La Bayamesa, de Céspedes Fornaris, que de canción de amor devino en canción patriótica en representación de la mujer cubana.

Las  formas de expresión que aparecen en el texto sólo se usaban en los poemas y no corresponden al habla popular ni a las estructuras actuales del idioma español que se habla en Cuba, pero para el pueblo, el énfasis del imperativo ¡Al combate corred bayameses! / Que la patria os contempla orgullosa - resulta un mensaje directo que es comprensible aún para los niños.

Así, los himnos impelen, estimulan a la acción, mueven los  valores patrióticos y morales que nos impulsan a alcanzar los más nobles propósitos.  En este sentido podemos recordar otro himno que fue muy popular y nos ayudó a ganar una gloriosa batalla, la de la alfabetización. En tiempo de marcha también, pero con estructuras más actuales, lo escuchamos cantar a los héroes de aquella batalla, los alfabetizadores, y hasta a los niños que en los parques  tomados de las manos, repetían en tiempo de marcha lo que hoy pudiera ser un fragmento de rap:
Lápiz, cartilla, manual: Alfabetizar! Alfabetizar!

La fuerza de la música ha estado presente en todas las ocasiones en que  ha sido necesario consolidar  un propósito, narrar acontecimientos,  estimular el espíritu de lucha. Otro ejemplo es la Guajira Guantanamera, que todos los cubanos la cantan utilizando como texto los Versos Sencillos de José Martí. ¿ Qué cubano no los  conoce de memoria desde su primera infancia?.  La Guantanamera original era una seguidilla de décimas que narraba un hecho social en cuatro o cinco décimas sin interrupción, pero como muchos cubanos no saben improvisar, se generalizó la costumbre de cantarla con los versos sencillos porque se ajustan a los motivos musicales en octosílabo,  y hoy, en cualquier acto masivo se canta por todo el pueblo y se ha extendido a otras partes del mundo, llevando el mensaje de  identidad y cubanía.

Las partituras originales del nuestro himno desaparecieron en el incendio de Bayamo, pero el autor repitió la escritura de la partitura para voz y piano a petición de una amiga, y ésta, también original, se conserva en los fondos del Museo Nacional de la Música, y se expone al público en esta conmemoración. Permanentemente se muestra una copia junto a la efigie en plumilla de Perucho Figueredo junto a una bandera cubana.

El Museo Nacional de la Música atesora también una colección de partituras y grabaciones del Himno en distintos soportes como son  cilindros y discos de fonógrafo, discos de placas perforadas en cajas de música y una caja de cilindro de púas, que son mostrados en esta efeméride.