La música en la República

Al  instaurarse la república en 1902, se conocía un teatro lírico cubano  en algunas ciudades de la Isla para las cuales se inauguraron varios teatros: El Tacón, el Albisu y el Irijoa en La Habana, el Sauto en Matanzas, el Terry en Cienfuegos, La Caridad en Santa Clara y el Principal en Camagüey en los cuales se escuchaban zarzuelas españolas, óperas italianas y francesas y solistas que venían desde varios países europeos. Muchos músicos cubanos habían viajado a París "como  José Domingo Bousquet, violinista, José White, violinista y compositor que obtuvo el Primer Premio del Conservatorio de París en  1856, Claudio Brindis de Salas, también violinista  que fue llamado el Paganini negro y  el compositor y pianista José Manuel (Lico) Jiménez, entre otros. En aquel momento se conocieron obras de autores cubanos que dieron vida, a aquellos teatros que fueron visitados por numerosos artistas, compositores,  pianistas,  sopranos, bailarinas, y compañías de teatro que  venían de Europa en gira por toda la América, y hacían escala en nuestra Capital y  las otras ciudades de provincia.

En otros niveles de la población se conocían fiestas populares tradicionales como los carnavales, las fiestas de  la Cruz  de Mayo, las fiestas patronales o de carácter familiar que atraían a grupos musicales que amenizaban los bailes; o a grupos de cantadores como las Tandas de Guaracheros, los trovadores y los campesinos  decimistas.  En los salones elegantes y en bailes más populares se habían bailado  valses, polkas, rigodones, galops, de origen europeo pero también  contradanzas y danzas cubanas que dieron origen al danzón.  El carácter privado de las fiestas  daba lugar a una sectorialización por la división de clases existentes, pero cada uno de estos sectores tenía ya definida su música desde  los primeros años del siglo XIX en los que apareció un teatro vernáculo con definiciones nacionales en la música, los temas  y personajes, desde donde se desarrolló la guaracha como primer género musical del teatro y se afianzaron los estilos de la canción lírica cubana y la canción popular. Allí también se fueron perfilando los conjuntos instrumentales, como la orquesta típica o de metales, los dúos y tríos, los órganos de cilindros, los conjuntos de acordeón timbal y güiro y los de tiple y güiro que acompañaron a decimistas.

Los rasgos nacionales en nuestra música estaban ya definidos, de manera que durante el siglo XX  se produjo una identificación de sus caracteres principales y un proceso de transculturación que llevó al desarrollo de algunos de los géneros de danza y canto y a la desaparición de otros.

En las dos primeras décadas del siglo, apenas si en poblaciones de campo se bailaban polkas ejecutadas por organillos o conjuntos de carnaval "como en Remedios y Camajuaní--,  se  dejó de bailar un gran número de danzas, como la habanera y el vals. La cuadrilla, el galop y el rigodón desaparecieron sustituidos por el pasodoble español, los One y Two step norteamericanos y el tango argentino.

Un acontecimiento importante fue el invento del disco fonográfico y el establecimiento en La Habana, en l906, de la primera agencia distribuidora para la América Latina. Comenzaron a grabar artistas populares: orquestas de danzón, trovadores campesinos, cantadores de canciones populares, artistas del teatro vernáculo, y cantores líricos, la primera de los cuales fue la soprano cubana Chalía Herrera.

Este medio de comunicación amplió la posibilidad de creación musical, del desarrollo y expansión de nuestra música por toda Iberoamérica y el intercambio con otras naciones americanas de géneros nacionales como fue el tango, el bambuco "adoptado por casi todos los trovadores de importancia cubanos en aquella época como Rosendo Ruiz, Sindo Garay, Manuel Corona,  María Teresa Vera y otros.

En aquel mismo momento de inicios de la República se dio a conocer por dos compositores de danzones, Papaíto Torroella y  Antonio María Romeu, una nuevo conjunto para ejecutar danzones al que se le llamó charanga francesa, al cual se le eliminaban todos los instrumentos de viento excepto la flauta, se cambiaba el timpani  por una pailita, y se le incluía el piano. Este cambio fue fundamental por la  anuencia que recibió de inmediato. El piano había sido desde el siglo anterior un instrumento concertante presente en todas las casas elegantes, y proliferaban los maestros de piano que  interpretaban danzones a petición de las familias. Al ser un pequeño grupo  -- así lo definen los diccionarios antiguos --, la charanga se prestaba para  ejecutar danzones en pequeños locales o casas de familia, y la presencia del piano en ella permitió el desarrollo de un virtuosismo, no sólo del piano sino de la flauta y otros instrumentos  que a través del siglo XX demostrarían su importancia.

En estas dos primeras décadas también se desarrolló el son, género que  se conocía en las zonas rurales de la antigua provincia de Oriente y cuyos elementos de estilo fueron integrándose en la música urbana.