La fiesta campesina

La fiesta campesina es una de las formas de reunirse un grupo afín de amigos, vecinos, visitantes, para momentos de solaz en celebración de un cumpleaños, un velorio de santos, una boda o bautizo, la terminación de una junta para techar una casa de vivienda o de curar tabaco,  el fin de una cosecha o cualquier otro motivo que provoque la necesidad de diversión que conlleva esta reunión. Se le ha dado  el nombre de guateque, el cual se ha generalizado en toda la Isla para la fiesta familiar. Ortiz le da  un orígen africano a la palabra y dice que en algunos lugares a la misma actividad se le dice changüí, palabra conga, según él.  José García de Arboleya, en su Manual de la Isla de Cuba, también le da el nombre de guateque a la fiesta familiar campesina y dice que en algunos lugares del departamento oriental  también le dicen changüí. Pichardo califica  el changüí de  “canto y baile de la gentualla”.  Aún así, en algún momento fue baile sólo para blancos, a tenor de una nota a final de página en la que dice Arboleya:  “En el día está prohibida la concurrencia de la jente de color” (sic)

Históricamente esta fiesta se ha alegrado con el toque de instrumentos típicos. Primero el tiple y el güiro, luego algún otro instrumento de percusión, la guitarra o el tres, y la sustitución del tiple por la bandurria o  el laúd Cubano.  Aquí apareció el canto solista del campesino utilizando la décima para todo tipo de improvisaciones, con temas alusivos a la fiesta o a las personas asistentes. Aquí también apareció el zapateo como forma de baile de pareja  desenlazada  y otros bailes que se mencionan en las fuentes literarias  tan antiguas como el cachirulo , la caringa, el tumbantonio, el papalote y el gavilán, todos basados en una persecución galante de la pareja .

De muchos de estos bailes hay referencias en otros países latinoamericanos, como la zamacueca en Chile, el gato en Argentina, el jarabe o el son huasteco en México, la jarana en Panamá. Todos descienden de los zapateados españoles, combinados con elementos eróticos de grupos negros como los  bailes de makuta y yuka en Cuba.

De todos, el baile más generalizado en Cuba ha sido el zapateo.

Pichardo describe el canto del campesino como ay-el-ay o llanto. Dice que se llama así porque comienza con esta interjección. Le llama punto de harpa  a una variación del mismo con acompañamiento punteado por el arpa, la guitarra o el tiple. “El zapateo,  dice, es la parte del baile que se acomoda a los sones explicados y a otro particular idéntico, distinguiéndose el punteado, escobillado, etc. el cual, aunque rústico, está muy generalizado: nada de figuras, si se exceptúa alguna vuelta de cuerpo para presentarse inmediatamente a su pareja de frente a continuar el ejercicio incansable de los pies, cuyo sonsonete, por más variaciones que ejecuten, no han de perder el compás, hasta que aparece un nuevo Zapateador a relevarle, bastando un saludo o inclinación de cabeza para ser obligado a retirarse. Cuando en este baile se imita al guajiro con sombrero de guano, machete al cinto y  gesto amenazante y azorado por los silbos de los espectadores, entonces se titula Atajaprimo .

Esta descripción nos da una idea del baile preponderante en el siglo XIX, y lo que se ha perdido en la memoria del tiempo:

-En aquellos momentos el zapateo se alternaba con partes de canto, que hoy han desaparecido, a veces se ejecuta una tonada por el laúd.

-Dice que no tenía figuras, sólo alguna vuelta, y he sabido por la tradición oral de muchas figuras realizadas por bailadores virtuosos.

-Dice además, que es un estilo en que se “imita al guajiro, con sombrero de guano, machete al cinto  y gesto azorado” ¿Es que no era un baile campesino, no era aquel el vestuario cotidiano? Por lo menos, la gráfica de la época  representa al campesino con sombrero, chamarreta larga, pañuelo al cuello, bailando con su pareja en casas de campo de vivienda o de curar tabaco, etc.

-No menciona al calesero negro, ni al campesino que se reunía con amigos en las bodeguitas de campo a bailar zapateo con un tiple o con percusión sola, y las figuras virtuosistas de bailar de rodillas, hacer un aro con su pañuelo y deslizarlo de la cabeza a los pies mientras baila, ponerse puñales a manera de espolones en las botas y hacer figuraciones peligrosas bailando con ellos.           

  Es cierto que era un baile de muchos requisitos y en su etiqueta entraba que una bailadora bailara con varios zapateadores, pero también en la gráfica se observa que ella a veces tenía varios sombreros puestos y había otros  en el suelo a su alrededor. La costumbre era que el hombre solicitara bailar con ella entregando su sombrero, que ella superponía sobre su cabeza. Luego, cuando ella deseaba cambiar de compañero le hacía un saludo al bailador que la acompañaba y entregaba su sombrero al siguiente, que entraba al ruede a bailar.

Todo esto supone una hermosa danza de cortejo, que en el tiempo ha perdido estas características. 

Arboleya repite muchas de las descripciones de Pichardo, pero distingue dos estilos de fiesta campesina:

--“Llámase baile de música en el campo los públicos de convite o de pensión donde hay orquesta y se bailan contradanzas y walses, para distinguirlos de los changüís o guateques, reuniones con carácter de familiares en que sólo se baila el zapateo al son del tiple, la guitarra o el arpa y del canto de los guajiros”.  Insiste en que van unidos el canto y el baile, en que existen tres estilos, zapateado,  escobillado y atajaprimo.

-“El acompañamiento músico del zapateo se llama punto de arpa o simplemente punto, y el canto generalizadísimo en toda la Isla, se conoce por el llanto o por el ay, interjección que precede a todas las coplas.

Luego describe las distintas formas de improvisar uno a uno, --como en las rondeñas de Andalucía—y el uso de la décima cantada a partir de la glosa, y  las aclamaciones de los asistentes jaleando al cantador y a la bailadora. De nuevo, vemos, que no desvincula el canto de la danza, lo que demuestra que antiguamente se producían a la misma vez.

Otras formas de diversión  en los guateques, en parajes cercanos a las costas donde realizaban largas estadas  las goletas de cabotaje que realizaban el transporte de mercancías y de pasajeros alrededor de la Isla, fueron los bailecitos organizados por los marineros para invitar a las familias. En ellos se bailaba con acordeón, timbal y güiro. Estos pequeños conjuntos,  ejecutaban valses, pollas, danzones. Antes, se habían visto organillos tocando contradanzas--, que luego iban a las fiestecitas de campo en los domingos y días feriados.

Así se fue identificando con las poblaciones esta sonoridad de instrumentos mecánicos que han llegado hasta nuestros días con los órganos de manigueta y cartones perforados, con repertorios de sones, danzones y actualmente música moderna. Los pequeños timbalitos—cajas—fueron sustituídos por timpanis de mayor tamaño, o por tumbadoras. El güiro se cambió por  los grandes guayos. En busca de mayor sonoridad.

Los sitios hoy son los mismos: Casas de campo, glorietas techadas de guano, sin paredes, patios de tierra apisonada o casas de recreación colectivas en los modernos barrios rurales o en cabeceras municipales.

¿Qué ha cambiado de todo esto? ¿Cuánto se ha perdido? ¿Cómo nos hemos enriquecido?

Este Festival Iberoamericano de la Décima tiene la respuesta. En todos nuestros países puede haber sucedido  algo similar

El zapateo desapareció sustituído por el son en un largo camino de evolución transculturada que llega a la salsa. La salsa es internacional.

-Del tiple no queda  rastro. Ha sido sustituído por el tres y el laúd con una vida lozana al haber ya una escuela de tales instrumentos que califica los instrumentistas jóvenes.

El órgano ya no solo es oriental. Está en toda la Isla, en lugares turísticos y de diversión colectiva.

La décima regresa a una nueva Edad de Oro, fortalecida por jóvenes  que estudian la improvisación, enriquecen el idioma, hacen buena poesía.

La fiesta campesina es el recipiente dorado en donde se mezclan los caldos y aromas, donde se escancia la esencia de la cultura  popular cubana..

En 1855 un español radicado en Cuba, Vicente Díaz de Comas, abogado y músico, estaba tan identificado con nuestra música que compuso varias piezas musicales, entre ellas un zapateo  --de aquellos que se bailaban y tenían incluida la tonada de punto, y le dedicó el álbum de obras a la Reina de España, S.M. Isabel II. Aquel zapateo fue la primera partitura de esta danza  editada en música. Hoy tenemos la oportunidad de escuccharla como pieza de concierto, al piano. Si la escuchamos, oiremos cómo eran las tonadas del siglo  XIX  que se olvidaron, que desaparecieron. Hagámoslas regresar.

Junio-julio de 1999.