Frank Emilio y su legado

Frank Emilio

(texto de despedida de duelo al gran jazzista ciego cubano de gran prestigio nacional e internacional)

En el recuerdo que nos deja el maestro están sus años de consagración  en la interpretación de todos los estilos de la música popular cubana, y de música de concierto nacional e internacional expresados de manera peculiar.  Nacido en La Habana el 13 de abril de 1921, comenzó a ejecutar el piano por vocación, gracias a sus excepcionales aptitudes y se integró a distintos grupos de música popular. La pérdida de la visión a los trece años no fue óbice para que iniciara formalmente sus estudios del instrumento por el sistema Braille, hasta llegar más tarde a estudios superiores con el profesor César Pérez Sentenat, lo que le permitió llegar a interpretar como solista, música cubana e internacional en las salas de Concierto. La colaboración del maestro Armando Romeu, estudioso del sistema Braille de lectura para ciegos, le permitió aprender las obras que interpretó con la Orquesta Sinfónica Nacional: el Concierto en Fa, de Gershwin, y el Concierto en La  de Grieg, además de la Rapsody in blue, también de Gershwin, que ejecutó varias veces con distintos directores.

Pianista de gran oficio y profesionalidad, participó en los inicios del movimiento del feeling junto a José Antonio Méndez fundador, guitarrista y director del Conjunto Loquibambia Swing, fundado en l946, en el cual Frank ejecutaba el piano, con  lo que se vinculó al  mundo del jazz. El desarrollo de su habilidad improvisatoria fue una de sus cualidades más reconocidas.

Por esta cualidad quizás  fue tan meritoria su participación en el Quinteto de Música Moderna que dirigía el maestro  Guillermo Barreto y su trayectoria en recitales y actuaciones en  clubs nocturnos, en sesiones de jazz y en descargas como las que recuerdo con la mayor presencia, en el Museo de la Música y en la Sala García Caturla ejecutando danzones a dúo de pianos con el Maestro Odilio Urfé.  O también las descargas en  danzón con el maestro Orlando López, (Cachaito), en las que hacían prodigios de  improvisación en trío con la paila. Esto es irrepetible, pero nos queda en la memoria Recuerdo además su labor de pianista acompañante a gemas de la canción, como Elena Burke y Omara Portuondo cantando a dúo simultáneamente Nuestras Vidas y Mi corazón es para ti, de Orlando de la Rosa  en el que Frank hacía un acompañamiento digno de un lied de Schubert; o la excelente grabación de Ela Calvo de la canción Tardes Grises de Sindo Garay, en la que Frank también acompaña a dúo con el guitarrista Julio Ramírez, convirtiendo la excelente canción en una obra lírica de concierto.

El contenido de sus discos,  desde el primero, con danzas y danzones de autores casi desconocidos que dormían en los archivos de la Biblioteca Nacional; los de  contradanzas y danzas de Saumell, Cervantes y Lecuona,  que fueron grabados posteriormente, los discos de jazz y las descargas pianísticas que recogen sus obras magistralmente interpretadas, nos  producen momentos de inigualable placer estético que son la memoria  y el legado del maestro a la posteridad.