El encuentro entre la cultura musical china y cubana

 Junio 2007

Los primeros encuentros entre los elementos culturales chinos con nuestra cultura comenzaron a partir de la gran inmigración de 1847, basada en la contratación de culíes que venían a trabajar en las plantaciones cañeras. Eran chinos en condiciones de pobreza que aceptaron contratos leoninos por los cuales quedaron esclavizados hasta la liberación general que se realizó en 1886. Hacia 1860 habían arribado otros inmigrantes chinos libres, que venían desde California a donde habían acudido llamados por la fiebre del oro, país de donde debieron huir tras los brotes racistas que luego se produjeron.

Se supone que en este lapso llegaron alrededor de 150,000 chinos, los cuales fueron mermando aceleradamente a causa de los maltratos, los suicidios y las enfermedades.

A los chinos del segundo grupo el Dr. Juan Pérez de la Riva los calificó como “los californianos” y algunos vinieron con algún capital que luego incrementaron en el comercio en Cuba. De los más pobres, muchos se dedicaron a la siembra y venta de productos del agro, y otros a pequeños comercios como venta de frutas y vegetales, víveres o a talleres de lavado de ropa y pequeños restoranes, donde vivían en la trastienda varios chinos asociados en el trabajo y las rentas.

La falta de relación con otros grupos humanos debido a la dificultad en la comunicación hablada, la discriminación racial, hicieron que los chinos “californianos” importaran mujeres chinas o sus familias completas; y los chinos más pobres se unieran con negras y mulatas o blancas de pocos recursos, sentándose así una marcada diferencia de clases.

Hacia los finales del siglo XIX se habían organizado sociedades de ayuda mutua y de recreación, en las cuales los directivos eran los de mayores posibilidades económicas y los socios comunes pagaban una cuota mensual debido al menor rango.

Las comunidades chinas también se unieron en barrios en las ciudades, principalmente en La Habana, ubicado en el antiguo barrio de Guadalupe, --entre las calles Zanja, Reina, Galiano y Belascoaín--. que se convirtió en punto de atracción.

Este barrio chino de La Habana favoreció el surgimiento de actividades de la cultura china: el teatro tradicional y la ópera, y una vida muy activa donde participaban de costumbres y tradiciones de su lejana patria, como es la celebración del año nuevo lunar.

La primera mención que se conoce de la aparición del teatro chino es de 1873, y fue un teatro de títeres de madera, que eran manipulados por “chinos que tenían buena voz para el canto” (Baltar, 1997 cita a Chufat, Antonio). Como en China, era muy gustada la ópera tradicional, los inmigrantes decidieron contratar compañías principalmente de Cantón, de donde era la mayor cantidad de ellos. Ya estos grupos habían tenido oportunidad de conocerlos en California y utilizaron esta vía para contratarlos en Cuba.

Así la ópera cantonesa obtuvo cada vez más demanda y aumentó también el número de teatros en La Habana y otras ciudades importantes. De modo que el progreso económico y la cohesión que iba produciéndose en los barrios con los que iban llegando produjo un desarrrollo coherente para el encuentro de culturas.
En los años iniciales del siglo XX había aparecido el teatro La Gran China y se fundaron el cine teatro Nuevo Continental y El Águila de Oro, además el edificio que albergó varias sociedades, el Teatro Pacífico y un afamado restaurant de comida china.

Era usual que para estos teatros vinieran contratadas compañías de Hong Kong y Cantón y grupos de Estados Unidos, aunque también se organizaron pequeños grupos que eran integrados por agrupaciones de chinos radicados en Cuba. Estas agrupaciones también participaron en programas de radio pagados por comerciantes chinos, los cuales escuchaban lo mismo chinos que cubanos. Este fue un excelente medio divulgador de la música china. Toda aquella gran actividad musical se resquebrajó cuando a consecuencia de la II Guerra Mundial las compañías de ópera se fueron a su país o a los Estados Unidos, tanto así se fueron también muchos artistas y maestros de origen chino radicados en Cuba. Quedaron algunos que se radicaron en un espacio del edificio Pacífico. A estos maestros les correspondió el mérito de formar nuevas compañías y enseñar a su vez a algunos descendientes mestizos de chinos y cubanos, el arte de la ópera y sus diversos secretos.

De estos nuevos grupos de criollos surgieron las compañías Chun.wa, Kuog-Sen, Kuog Kong, y la Kun Ti Lok. Estos artistas aprendieron canto, actuación, mímica, danza, acrobacia y artes marciales. La preparación y ensayos de estos espectáculos era muy rigurosa y los actores confrontaban dificultades al no conocer el idioma, ya que debían memorizar el contenido dramático, la fonética y los cantos, conocimientos que eran transmitidos oralmente. Por ello estas compañías tuvieron una vida efímera. Se desintegraron y a fines de los 50 desapareció la última, poniendo fin a 80 años de tradición china en nuestro país.

Pero la ópera china tradicional mantuvo la relación del inmigrante y sus descendientes con las tradiciones y costumbres de su país y propició la introducción en Cuba de los elementos dramáticos de novelas, historias y viejas leyendas.

El proyecto de investigación del Atlas de la Cultura Popular Tradicional cubana que incluye las manifestaciones artísticas del pueblo cubano y por supuesto, de todos los grupos étnicos correspondientes, demostró esta insuficiencia al no detectarse fuentes informativas al respecto, pero hoy se cuenta con los trabajos de diploma de los especialistas Lic. José Baltar Rodríguez y el Lic. Wilfredo Díaz Guerrero los que hicieron investigaciones directas con los informantes chinos muy ancianos que participaron en aquella etapa y con algunos informantes cubanos, además de consultar toda la bibliografía histórica disponible.

Entre los trabajos más importantes que se han realizado se encuentran la reconstrucción de la Danza del León --que se había representado en público por primera vez en 1930--, y luego se incorporó a los carnavales hasta 1950. También reconstruyeron un grupo musical asociado a las actividades del Casino Chung Wa, que aún celebra algunas fiestas.

El proceso de transculturación ocurrido en las nuevas generaciones ha permitido la incorporación de instrumentos occidentales que proceden de las orquestas jazz band, así como el violín de las charangas. La música se sigue transmitiendo de oído.

Los instrumentos tradicionales chinos han caído en desuso y en el Museo Nacional de la Música hay una extensa colección de instrumentos bien conservados que pudieran interpretarse en un concierto pero no existen conocedores de su técnica ni de su repertorio. De ellos se han transculturado para ejecutarse en la música cubana la corneta china o tié y la cajita china, que se le adicionó a la paila en la orquesta charanga para interpretar el danzón.

Los grupos de comparsas de la ciudad de Santiago de Cuba—principalmente la Comparsa de Los Hoyos--, y los hoy extendidos en toda la Isla, adoptaron la corneta china que compraban en las tiendas de chinos del barrio de La Habana. Más tarde las reprodujeron artesanalmente, y hoy, puesta de nuevo en boga por grupos actuales, importan el instrumento desde la República de Corea.

Algunos elementos melódicos de la música china se incorporaron en canciones, danzas para piano, danzones y otras composiciones de autores cubanos que deseaban remembrar esta música que fue de tradición oral para nuestro pueblo.

En el momento actual la reanimación del Barrio Chino con un extenso plan de actividades, remodelación de restoranes, tiendas, centros culturales, incorporación de técnicas de tai chi chuan y ejercicios gimnásticos derivados de las artes marciales han reanimado esta cultura para los cubanos del barrio y de La Habana en general que se han incorporado a su disfrute.

Si el idioma y costumbres foráneas que representaban las primeras inmigraciones no lograron una integración más profunda, en estos momentos hay una saludable asimilación de la cultura china por jóvenes y niños participantes y por la participación de todos los descendientes de chinos de la segunda y tercera generación que lo auspician.
Los restos de aquella música sirvieron de aliciente a los inmigrantes chinos y hoy se sostienen en el recuerdo de las últimas generaciones de criollos en Cuba, pero éstos participan de un movimiento más amplio de la música cubana y universal, por lo que cada vez parece alejarse más la referencia a su música primigenia.