Antecedente africano en la música cubana (fragmento)

La música cubana constituye una síntesis de los elementos tomados de los distintos grupos étnicos que integraron nuestra población. De una manera definitiva desaparecieron los rasgos musicales que hubieran aportado los aborígenes. La de éstos, según las descripciones de los cronistas, era una música muy primitiva.  Nuestros grupos más adelantados llegaban sólo al neolítico, eran agroalfareros que producían una cerámica primaria, y los instrumentos que usaron posiblemente no realizaron sonidos determinados que pudie­ran establecer una escala. El choque de culturas resultó también violento en la música, y aún cuando los cro­nistas describen juegos, danzas y cantos, ejecutados por flautillas, fotutos, pitos de cerámica, atabales y sonajeros, no existe una referencia en notación musical ni un documento histórico que ofrezca algún elemento comparativo, con el cual elaborar una hipótesis sobre el aporte aborigen a la música cubana. La citada procedencia caribe y arawaca de los mismos pudiera  considerarse, como  un elemento hipotético para suponer que  la música de los grupos primitivos similares que se encuentran hoy en la cuenca del Orinoco pudiera sonar de manera similar a aquellos.

Nuestros pobladores europeos y africanos se distribuyeron en distintos lugares determinados por una división clasista según su nivel  socioeconómico. Los conquistadores españoles fundaron una serie de poblaciones, desde las cuales comenzó un proceso de ruralización, expandiéndose algunos pobladores hacia los campos, donde desarrollaron una economía basada en la agricultura y la ganadería, en la que la fuerza de trabajo principal la aportarían los esclavos africanos. No obstante, hubo pequeños propietarios dedi­cados a cultivos menores y al tabaco. Hubo también precaristas dependientes de los grandes latifundios y también un sector marginado en las poblaciones con el que se desarrolló el ambiente infraurbano que  habíamos mencionado  antes. En cada nivel de población, se conformó una música específica basada en sus nece­sidades  estéticas y las distintas funciones que de ellas se derivan, con los instrumentos musicales a su alcance

En las fuentes escritas, los cronistas, costumbristas y recopiladores mencionan danzas creadas por los negros con nombres pintorescos: yeyé, paracumbé, congó, cachirulo y otros, que pudieran ser antecedentes de nuestras rumbas: yambú, guaguancó y columbia. También se le atribuía influencia africana  a los tangos, habaneras, guarachas y contradanzas acriolladas.

Más de un musicólogo ha seguido el rastro histórico de estos géneros, tratando de determinar su origen, estableciendo un puente entre el puerto de La Habana y otros de  las Antillas, América Central y Sudamérica, siguiendo  la ruta de las flotas comerciales que venían de la Metrópoli, visitaban La Habana, seguían por el sur hacia México y por la costa atlántica haca el sur, llegando a Argentina,  y a Chile y Perú luego de doblar por el Estrecho de Magallanes.

Fernando Ortiz, en su ensayo sobre La Clave xilofónica de la música cubana dice:

La Habana fue, como lo ha sido siempre todo puerto marítimo muy frecuentado, famosa por sus diversiones y libertinajes, a los que se daba en sus luengas estadas la gente marinesca y advenediza de las flotas junto a los esclavos bullangueros y las mujeres del rumbo, en los bodegones de las negras mondongueras, en los tablajes puestos por generales y almirantes para la tahurería, y en los parajes, aún menos santos, por los bohíos y casas de embarrado cabe las murallas y fuera de éstas, por el Manglar, los Sitios y Carraguao  (...) . Cantos, bailoteos y músicas fueron y vinieron de Andalucía, de América y de Africa, y La Habana fue el centro donde se fundían todas con mayor calor y las más polícromas irisaciones. (Fernando Ortiz, La clave xilofónica, 1935)